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LECCIONES DEL 27F para lograr ESTRUCTURAS MÁS SEGURAS Y RESILIENTES

LECCIONES DEL 27F para lograr ESTRUCTURAS MÁS SEGURAS Y RESILIENTES
 Por Lucio Ricke, Presidente de AICE. 

 Este terremoto nos mostró que las estructuras industriales y edificios bien diseñados -según la normativa vigente y la experiencia acumulada a esa época- tuvieron un buen desempeño sísmico, principalmente en la protección de la vida y no colapso de las estructuras. Pero también hubo daño en elementos no estructurales de los edificios y de operación en estructuras industriales que no permitieron su habitación inmediata y/o pronta puesta en marcha, conceptos cada vez más requeridos por la comunidad. Además, como sociedad nos dimos cuenta que nuestros sistemas de protección civil no estaban preparados para lograr una adecuada evacuación de la personas de las zonas riesgosas, especialmente en relación al tsunami que tantas víctimas fatales produjo. 

Aprendizajes 

Lo vivido el 27F ha marcado a todos, y a quienes trabajamos en el ámbito de la ingeniería estructural nos ha motivado a revisar y/o corregir muchos aspectos de la normativa técnica y protección civil de la comunidad. En primer lugar, se fortaleció el Sistema Nacional de Protección Civil para reducir el riesgo de desastres y catástrofes, a cargo de la Onemi. Dentro de ello, se consolidó la Red Sismológica Nacional, los sistemas de alerta temprana a la ciudadanía, utilizando los teléfonos celulares, y se fortaleció, de manera sustancial, los protocolos de respuesta para estas emergencias, para evitar a futuro la importante cantidad de víctimas que produjo el maremoto. 

Por otro lado, el colapso del edificio Alto Río en Concepción, el edificio Cerro O’Higgins en Constitución y 10 | NEGOCIO & CONSTRUCCIÓN | Marzo 2020 

los edificios dañados en toda la zona afectada, con resultado de demolición de algunos de ellos e importantes inversiones de dinero para la recuperación de otros, motivó el cambio normativo en años posteriores. Se modificó la Norma NCh433 Diseño Sísmico de Edificios, con los Decretos Supremos 117 y 118 en febrero de 2011, y los Decretos Supremos 60 y 61, en diciembre de 2011, los cuales incorporaron las lecciones detectadas y aprendidas, principalmente en el comportamiento dúctil de los muros estructurales y las clasificaciones sísmicas de los suelos. En 2013 se inició el trabajo de actualización de la norma NCh433, incorporando más conocimiento aprendido y validado en el 27F. Hoy ese trabajo está en manos del Minvu y pronto debería iniciar su proceso de revisión en el Instituto Nacional de Normalización. 

Ámbito industrial 

También hubo daño en estructuras prefabricadas, elementos secundarios y no estructurales, entre otros, que no permitieron la pronta puesta en marcha de las plantas, lo cual motivó, en marzo de 2014, el inicio de un trabajo de actualización de la norma NCh2369 Diseño Sísmico de Estructuras e Instalaciones Industriales, considerando los avances tecnológicos y de conocimiento las lecciones aprendidas el 27F. Hoy, dicha norma sigue en etapa de resolución de los comentarios en el INN, luego de la consulta pública. 

Además, en el comportamiento de los elementos no estructurales que contienen las estructuras, hubo mucho que revisar, dado que algunas estructuras de buen desempeño sísmico quedaron inhabilitadas por los problemas internos que sufrieron. Un ejemplo es el aeropuerto de Santiago: por los daños no estructurales resultantes estuvo con imposibilidad de funcionamiento durante varios días, con los consiguientes inconvenientes para atender las emergencias producidas. Fruto de esto se trabajó en una normativa que concluyó en el año 2015 en la norma NCh3357 Diseño Sísmico de Componentes y Sistemas no Estructurales. Si bien esta aún no ingresa a la OGUC ni ha sido oficializada por el Minvu, es una normativa que está en uso en el sector privado y por muchos de los proyectos públicos. 

El 27F validó las buenas prácticas de la ingeniería estructural chilena y puso de manifiesto las debilidades que tenía, las cuales se han estado y seguirán trabajando en base al desarrollo del conocimiento y de las tecnologías para lograr estructuras más seguras y resilientes, con el objetivo de lograr una mejor calidad de vida de las personas, es decir, que nuestras estructuras sean capaces de recuperar su función (aunque no al 100%) después de un desastre. 

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